EDITORIAL: Picaduras de soberbia

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Llega la época estival y con ella un problema que está causando molestias e inconvenientes en la ciudadanía y que no es otra que las plagas de mosquitos. Es cierto que con la fumigación no se acaba con el problema de manera radical, pero sí se disminuye y, además, puede hacerse de manera ecológica, sin afectar el medio ambiente, ya que hay sistemas de fumigación que así lo permiten.

Sin embargo, el concejal de Medio Ambiente, José González Granados, es ‘negacionista’ y afirma, de manera radical, como es su costumbre, que se opone sistemáticamente a la fumigación de estos insectos que hacen la vida de los vecinos y vecinas menos amena durante el verano y que él justifica con la biodiversidad y que no es otra cosa que incapacidad para gestionar. 

Para tranquilidad del señor Granados, hay que recordarle que durante el proceso de registración de un pesticida, USEPA considera el efecto de los insecticidas en la fauna. Si el insecticida es aplicado de acuerdo a las instrucciones en la etiqueta, la fauna no será perjudicada excepto con insectos del mismo tamaño de los mosquitos, lo que no afecta a pájaros ni animales de mayor tamaño.

La falta de previsión y de organización del concejal está provocando que, en estos primeros días de calor, muchos ciudadanos ya hayan inundado las urgencias con picaduras que son voluminosas, molestas, dolorosas y que, incluso y debido a las alergias que pueden provocar en ciertas personas, peligrosas. González Granados no fumiga porque se lo impide su arrogancia, a pesar de las quejas de los ribereños y ribereñas que inundan las redes sociales con quejas y peticiones para que se trate de aplacar un problema que, como siempre que gobierna el señor Granados, se agrava. 

Y se agrava porque, además, tiene incidencia también en la situación sanitaria a la que nos tiene sometidos la Comunidad de Madrid, con el permanente cierre de los Servicios de Urgencias de Atención Primaria (SUAP), que podrían, como han hecho siempre, atender este tipo de incidencias sin que tengan que derivarse a las Urgencias del Hospital del Tajo, con los conocidos problemas de falta de personal y de recursos, lo que provoca que los vecinos sean antecedidos después de varias horas de espera.

Los problemas de falta de desbroce, también de su competencia y a pesar de haber privatizado la delegación de Parques y Jardines, tienen consecuencias en la aparición de este molesto insecto. Miles de mosquitos campan a sus anchas por una ciudad totalmente abandonada y a la que no se mantiene desde el Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos, y todo ello con el consentimiento de la alcaldesa, María José Martínez, que nada hace por poner remedio.

El deber del concejal González Granados es velar por los intereses de los ciudadanos, y aunque es evidente que hay estudios que desaconsejan la extinción de los mosquitos, también existen estudios que afirman que estos insectos comen plásticos y pueden llegar a extender la contaminación ambiental. En cualquier caso, disminuir la invasión de estos seres permitiría a la población vivir de manera más ‘cómoda’.

Por otra parte también afecta al turismo. En la era de las redes sociales miles son los comentarios que se publican en estos canales de comunicación, en los que aquellas personas que visitan un lugar dejan sus impresiones, lo que puede suponer que, si son favorables, inviten a otros turistas a animarse a hacer el mismo viajes y si son negativas puedan desaconsejarlo. En los últimos años de Gobierno de la extrema derecha y de la derecha extrema, cuando alguien ha tenido la oportunidad de llegar hasta Aranjuez sus impresiones han sido de abandono, suciedad y falta de mantenimiento. En esta época, además, se canaliza esa tristeza con abundantes picaduras de mosquitos que cohabitan en la selva amazónica -pero de secano- a la que González Granados y la alcaldesa Martínez tienen sometida a esta ciudad.

Arturo Graf, poeta y literario, afirmaba que “el saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan”, y González Granados grita demasiado, aunque gritar, ya lo decían en ‘Ardid femenino’, película de Ginger Rogers y James Stewart, “es el esfuerzo de un cerebro limitado intentado expresarse”.

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