EDITORIAL: Cuando las barbas de tu vecino…

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No por ser manido el refrán deja de estar vigente… “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”. Hace unos días se han celebrado las Elecciones Generales en Francia, donde la ultraderecha ha obtenido más del 40% de los votos, un serio aviso de la tendencia del populismo más absoluto en términos europeos, un populismo que actúa de manera sigilosa con premeditación y alevosía, intentando confundir a las clases sociales para que muestren su apoyo a quienes les dicen que van a solucionarles sus problemas, aunque sea mentira.

Recientemente el Partido Popular ha escenificado uno de los capítulos más nefastos en la política desde que la democracia es democracia. Por primera vez, la extrema derecha forma parte de un Gobierno en España, concretamente en Castilla y León, y las primeras consecuencias se han visto plasmadas en el retroceso de derechos en políticas contra la violencia machista y contra la memoria democrática. VOX no ha necesitado presionar demasiado a Fernández Mañueco, -hijo de alcalde franquista-, para conseguir plantar sus argumentos en una maceta regada con naftalina. Porque, no nos engañemos, Partido Popular y VOX son la misma moneda… con la misma cara. Y el núcleo más radical del PP, el propio Mañueco o Isabel Díaz Ayuso, se sienten cómodos en ese escenario compartido con los herederos del dictador. Lo llaman ‘democracia liberal’ pero, en realidad, se trata de una coalición de totalitarismo.

Hay que recordar que VOX es una escisión del Partido Popular -siempre estuvieron dentro-, la diferencia es que ahora se han quitado los complejos, como algunos dirigentes del Partido Popular, que refrendan y asumen un discurso dañino para la sociedad española, con el único objetivo de beneficiar a las clases sociales más altas y derretir el sistema de servicios públicos, algo que nunca le gustó a la extrema derecha ni a la derecha extrema, fieles guardianes de lo privado, como está demostrando Díaz Ayuso en Madrid. El Partido Popular ha encontrado en VOX al perfecto aliado para desarrollar políticas retrógradas y justificarlas, añadiendo ese punto de sal en la herida que la hará, sin duda, más profunda si la sociedad progresista de este país no despierta y lo evita.

Porque cuesta pensar que Núñez Feijoó, máximo representante de la derecha popular en la actualidad, vaya a formar parte de esa clase política que pretende escenificar que en el centro conservador está la virtud, sobre todo cuando su estreno ha sido el de certificar un acuerdo con el fascismo en las cortes castellano-leonesas, un primer paso que constata que será engullido por el núcleo duro de su propio partido, más cercano a VOX que el propio Partido Popular.

La vicepresidencia y ciertas Consejerías en el primer Gobierno ultra en una Comunidad Autónoma en España no es más que el certificado de lo que ya venía sucediendo en Madrid, Andalucía o Murcia. Porque no se puede obviar que VOX, sin formar parte de los distintos gobiernos, ha venido marcando la agenda del PP en estas Comunidades, monitorizando las acciones de estos Ejecutivos para mantenerles en los sillones. Y el Partido Popular se ha plegado a ello. La propia Díaz Ayuso ya ha reconocido en sede parlamentaria que lo suyo con VOX es una coalición de la que, además, se siente orgullosa.

Las consecuencias de que la ultraderecha forme parte activa de los Gobiernos son múltiples. Porque son negacionistas, porque son homófobos, porque son racistas, porque tratan de esconder la violencia de género… y porque en cuestión económica y social, en este país, han votado en contra de las subidas del Salario Mínimo Interprofesional, de la subida de las pensiones, de la implantación del Ingreso Mínimo Vital y de cualquier propuesta que pueda suponer un avance en derechos para los españoles y españolas.

Con estas pesquisas, ¿cómo se puede confiar en una formación política a la que se le inunda la boca hablando de favorecer a las clases más desfavorecidas? No hay nada más cierto que aquello de “por la boca muere el pez…”, porque nada es más real que el absolutismo franquista, que pretende reverdecer viejas glorias represoras contra una sociedad a la que esperan convencer con mentiras y falacias; y lo perpetúa en el tiempo con la complicidad y la aprobación de un Partido Popular que ha decidido que VOX no va a pasarles por la derecha.

La libertad, la igualdad y el pluralismo son valores esenciales en el desarrollo de una sociedad democrática, y son valores que las derechas no tienen en sus libros de estilos, porque la extrema derecha atenta contra los principios morales y contra los propios derechos humanos, contra Europa, contra la democracia y hasta contra el sistema de autonomías, aunque se beneficien de él. Su estrategia es clara y está más que definida: apelan al miedo, a la desconfianza y promueven la violencia social, alimentando el fuego para coger después el extintor para arrogarse la extinción del incendio. Así funcionan y así les permite el PP estar en las instituciones, aunque con ejemplos como el que tenemos en el Gobierno municipal, en la figura de González Granados, máximo exponente del insulto, la descalificación y el odio hacia el adversario político, la bioquímica PP-VOX se explica mucho mejor.

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