EDITORIAL: ¿Dónde está el dinero?

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‘¿Dónde está el dinero?’ es una canción de Quique González que habla sobre los saqueadores de lo público. En una de sus estrofas dice: “Gángsters y trileros, todos hacen juego, nadie va a comerse el marrón aprendiendo a nadar bajo el aguacero”. La fotografía dibuja el Cambalache en el que está metido el Partido Popular y que no hace más que poner en peligro la democracia en este país, y lo hace por dos razones: la primera porque vuelve a poner sobre el escenario un nuevo presunto caso de corrupción, como si ya no tuviésemos bastantes en el seno de los populares. La otra, y más peligrosa aún, es que sirve en bandeja la llave del ascensor a la ultraderecha, que sube como la espuma en las encuestas ante el parricidio que está televisando el Partido Popular en ‘Prime Time’.

Siempre hemos escuchado en el partido que lideran Casado, Ayuso y Martínez, por citar a la política estatal, regional y local, que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos, pero nunca aclararon en qué bolsillo de qué ciudadanos… ahora lo vamos teniendo meridianamente claro. Un contrato adjudicado sin licitación por aquí, unas comisiones al hermano de la Presidenta de la Comunidad de Madrid por allá… y, después, juego de trilerismo para desviar la atención y ocultar lo verdaderamente importante, que no es otra cosa que si este asunto de presunta corrupción, que tendrá que dilucidar la justicia, se confirma, ¿van a devolver ese dinero presuntamente sustraído de los bolsillo de los ciudadanos? No suele ser esta práctica habitual en la derecha española.

La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, ha reconocido que su hermano ha cobrado una importante comisión por un contrato adjudicado a dedo, aunque defiende que todo es legal, como si a la ética y a la moral se las hubiese tragado la tierra de un sorbo y aquí no pasase nada. Pero sí pasa, y el primero que lo ha puesto sobre la mesa ha sido el propio presidente de su partido, Pablo Casado, al que ya le preparan un velatorio que, como siempre, tratará de camuflar todas las desdichas que la derecha española le está regalando a este país.

Esta es la política de Isabel Díaz Ayuso, y mientras los madrileños y madrileñas hacemos cola en la sanidad pública, mientras más de 25.000 jóvenes se quedan sin opción de acceder a una Formación Profesional o mientras se inventan una nueva Ley de Educación para contrarrestar la estatal y favorecer a la privada, la presidenta dedica su tiempo en adjudicar contratos, presuntamente ilícitos, que favorecen, curiosamente, a uno de sus familiares más cercanos. Hay que suponer que aquella libertad que vendió en su campaña electoral iba directamente relacionada con esto, con ejercer de manera totalmente libre e impune lo que le venga en gana dentro de su partido y dentro de nuestra región.

El guión del Partido Popular ya lo hemos visto en otras ocasiones, es el mismo que ante un posible caso de corrupción saca a sus actores principales al escenario para que sirvan de tapadera. Como a guiñoles, les van manejando para intentar que el caso vaya por los derroteros que a ellos les interesan en lugar de ir por la senda de la transparencia. Y la prueba de estas artes que viene utilizando históricamente el Partido Popular es por qué si la dirección conocía estos entresijos desde hace meses no los puso en manos de la fiscalía en lugar de tejer un también nuevo y presunto caso de espionaje pagado con el dinero de los madrileños… ya lo dijo Igor Fernández: “Carromero, no me mates”.

El caso es que volvemos al punto de partida, al de una formación que juega una y otra vez con los intereses de los ciudadanos, por un lado, y con los suyos propios por el otro, dando prioridad a estos últimos, por supuesto. El Partido Popular debe aclarar, de manera inmediata, no sus disputas internas, esas que se las coman y se las guisen ellos mismos, si no el panorama que abre un posible caso de corrupción. Y debe hacerlo con luz y taquígrafos, aunque ya estamos viendo que han vuelto a rechazar en la mesa de la Asamblea madrileña que se ponga en marcha una comisión de investigación, como rechazaron la de las residencias en las que fallecieron muchas personas mayores por una orden que alguien dio en su momento y que, como siempre, trataron de tapar con alguna dimisión y ruido mediático.

Son las malas praxis de la derecha española, una derecha que intenta con presiones internas y con un circo mediático, que empieza a dar vergüenza ajena, que no se empiece a escribir una nueva página en el libro de la Gurtel, Púnica, Lezo y tantas y tantas páginas que pretenden llevar al gris a un país que lo que necesita son subidas del salario mínimo, ingresos mínimos vitales, leyes de formación profesional, ayudas a las PYMES, prórrogas de ERTES, leyes de igualdad, combatir la pobreza infantil… todo lo que está haciendo el Gobierno de Pedro Sánchez al que tratan de poner palos en las ruedas aquellos que defienden que el dinero, mejor en los bolsillo de los ciudadanos, y si pueden ser familiares, mucho mejor. 

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