De cotorras, Granados, ocas y Almeidas

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José Luis Moreno

Los humanos (casi todos) tenemos una fuerte necesidad de sentirnos bien con nosotros mismos. Así está programado nuestro cerebro. Una forma de conseguirlo, que además nos procura buena salud, es “hacer el bien”, o mejor dicho, hacer lo que nosotros entendemos por “hacer el bien”.

Entre las formas de “ser buenos” está grabada a sangre y fuego en nuestro cerebro  la de dar de comer a los animales, desde los del zoo a los cisnes (que antes había en el Jardín del Príncipe). 

De nada vale que en ambos sitios haya carteles avisando de la prohibición. El buen español, erre que erre, da de comer a los “animalitos”. Incluso cuando conocen que  esos alimentos son dañinos, pero se hacen “negacionistas”, como los anti-vacunas, y lo siguen haciendo.

En Aranjuez también, ¡faltaría más!. Aquí en la ribera del Tajo proliferan los “amigos de las ocas” y    las tienen ahítas de pan. ¡Ay el pan!, ese alimento milagroso que vale para todo bicho viviente, sobre todo si tiene plumas. Ocas, palomas… (y sin querer ratas y ratones) participan del banquete del chusco. 

Las ocas enferman y les da una especie de parálisis que les hace que no puedan volar. Además de llenar el Tajo como especie invasora, a costa del “pato ribereño de toda la vida”.  No menor es el lamentable espectáculo de sus cagadas en el embarcadero del Jardín del Príncipe o de la Piragüera y el hedor asqueroso que producen en verano alrededor de la entrada al jardín por el Castillo. Que digo yo que muy, muy sano no será. 

Las palomas, esos animallos tan cariñosos que llenan los tejados y canalones de cagadas y molestias varias que obligan a los vecinos a aflojar la cartera y poner redes y otros artilugios para evitarlas en lo posible. Además de otros problemas “menores” como graves enfermedades pulmonares por infección debida a sus excrementos que tienen el hongo cryptococcus. (Ver https://diariosanitario.com/palomas-riesgo-salud/). 

Lo de las ratas también tiene su miga. Son seres necesarios para la ciudad ya que comen las guarrerías que los civilizados humanos no deberímos echar por los desagües y alcantarillas, pero una de sus principales fuentes de comida son las bolsas de basura tiradas en la calle y abiertas. O los restos de pan y otros alimentos que se da a la avifauna diversa. Es una forma indirecta de criar ratas y hacer que proliferen. En la naturaleza los animales se autorregulan, cuanto más alimento, mas población. Ahora la cosa se pone fea con la expansión de la rata negra, que no la teníamos por aquí pero está invadiendo la península. Y es más peligrosa que la de toda la vida porque es un vector de más enfermedades y más peligrosas. Así que la próxima vez que vayamos a dar de comer a un lindo gatito, o a una bella paloma, tengamos en cuenta que estamos dando de comer a ratas negras que, por cierto, no andan por las alcantarillas sino por los árboles y los tejados.

El gato, Felix catus, ese estupendo animal, amante de la buena vida como todos, -¿o alguien piensa que si pudieran elegir entre ser un gato de familia, cómodo, calentito, bien alimentado, elegirían ser un gato silvestre, incómodo, tiritando de frio y mal alimentado con comida de segunda más todos los gorriónes que puedan pillar?- (son una de las causas de la extinción progresiva de nuestros queridos “gurriatos”). Proliferan en algunos sitios, en La Montaña, por ejemplo, hay comederos y bebederos de gatos que son auténticos estercoleros con comida a veces rancia y bebida a menudo contaminada. Focos de suciedad y de ratas impropios de un país civilizado. Y digo ratas porque deben saber que los gatos no suelen comer ratas, les da miedo. Y digo yo: si tanto, tanto aman a los gatos, ¿por qué no se los llevan a su casa? No tocarían ni a uno por familia y se solucionaría un problema de salud pública y bienestar animal. Los gatos lo agradecerían y vivirían el doble en casa que en la calle. Eso los que sobrevivieran, que el 50% no llegan a vivir dos años.

¿Cómo encaran nuestras autoridades el problema? ¿Cómo procuran el bienestar animal?

En Madrid, el alcalde del PP, el señor Almeida, a tiros. Sí, confieso que ni he bebido ni he fumado, que lo leí en El País. A tiros con las cotorras. Sin comentarios. Bueno, uno sí, si eso se le ocurre a Carmena la crucifican los animalistas y otras especies esteparias de Iberia,  pero ya se sabe que con la izquierda son gatos silvestres y con la derecha  gatitos sumisos.

¿Y en Aranjuez?  En Aranjuez el señor Granados, concejal de Medio Ambiente y Perito de Montes, se dedica a gastarse 10.000 euros en un resort gatuno en La Montaña (poco usado por los felinos porque son gatos libres, libres de verdad, no modelo Ayuso). Un resort para gatos ya que sobra el dinero en el Ayuntamiento y no hay graves problemas sociales en Aranjuez. 

Fíjense si es ailurófilo el perito que, durante toda la pandemia, la única vez que dio una rueda de prensa no fue para hablar de sus desvelos por los ribereños y contra el Covid, sino para hablar del resort gatuno y los 10.000 euros invertidos. Nada de extrañar esa actitud en un concejal que afeó al PSOE que defendiera la donación de vacunas Covid a los países pobres. 

Sobre las ocas… ni está, ni se le espera.

Moraleja… seamos todos lo más cívicos posibles, no hagamos prácticas de riesgo sanitario con los animales y mejorará el problema. 

Como lo tenga que solucionar alguien del PP municipal, ya saben, a tiros con las ocas o a resortazos con los gatos.

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