EDITORIAL: ‘Solidaridad versus PP’

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Podríamos haber titulado este editorial ‘Solidaridad vs. mezquindad’ que, al fin y al cabo, viene a significar lo mismo. Porque la mezquindad es la falta de generosidad y nobleza de espíritu. Decía Dickens que “nadie que haya aliviado el peso de sus semejantes habrá fracasado en este mundo”, por eso es tan necesaria la solidaridad, tan imprescindible. El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se comprometió en septiembre a donar más de 30 millones de vacunas contra la COVID-19 a América Latina, el Caribe, al África Subsahariana y a los países vecinos del sur de la Unión Europea, compromiso que ya ha cumplido, porque es esencial ser solidarios con quienes más dificultades tienen, porque un país adquiere dignidad cuando está al lado de las naciones que más lo necesitan.

Además, la vicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, anunció el pasado mes de octubre que España alcanzará los 50 millones de vacunas donadas a los países más vulnerables durante el primer semestre de 2022. Y todo esto con la garantía de que, prácticamente, todo el país ya estará vacunado para esas fechas, por lo que el Gobierno progresista garantiza que varios millones de personas puedan tener dosis contra el Coronavirus en países con dificultades económicas que no tienen capacidad para garantizarles las vacunas a sus ciudadanos. 

También se ha liberado la patente del test serológico del CSIC para la detección del virus, para que países más subdesarrollados puedan tener acceso a las pruebas y tengan la posibilidad de controlar los contagios de una manera más eficiente. A todo esto se le denomina solidaridad, una solidaridad que el Partido Popular no solo no apoya si no que critica, y a eso se le llama egoísmo, que es la forma más dulce de catalogar la mezquindad.

Hay que recordar que el concejal de Salud, José González Granados, además de estar desaparecido durante toda la crisis sanitaria, sin preocuparse de la incidencia en Aranjuez, sin aportar ningún tipo de solución y sin dar explicaciones de ningún tipo de por qué el Gobierno del que forma parte no ha sido capaz de exigirle a la Comunidad de Madrid recursos materiales y humanos para los centros sanitarios de Aranjuez y para el Hospital del Tajo, llegó a afirmar en sesión Plenaria que no comprendía cómo se podían donar vacunas a ciudadanos de otros países si no se daba prioridad a los españoles, una afirmación muy nacionalista que le sitúa tan al borde de la extrema derecha como sus propios planteamientos políticos. 

España está a la cabeza de las vacunaciones en toda Europa y ha sido felicitada por varios países por la gestión de las vacunas. Mientras tanto, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha seguido la linde de pedirle vacunas de manera insistente al Gobierno central argumentando que no podía inmunizar a los madrileños por falta de dosis. Sin embargo, a la regidora madrileña se le han ido por el sumidero 100.000 vacunas porque no ha sido capaz de administrarlas por falta de recursos humanos o por dejadez en la gestión de su Consejería de Sanidad. Este detalle se le escapa a González Granados, más preocupado por evadir sus responsabilidades como máximo responsable de la salud del municipio que de exigirle a su presidenta Díaz Ayuso un poco de sentido común para no malgastar el dinero de los ciudadanos permitiendo que miles de vacunas se pierdan sin que parezca importarles nada.

En una profunda crisis sanitaria, que ha desembocado en una importante crisis económica, es más necesario que nunca que las naciones se solidaricen para que todo el planeta pueda atisbar un halo de luz al final de túnel. Es fundamental dar una respuesta solidaria en el plano sanitario y económico de manera global, pero la solidaridad que entiende el Partido Popular de Pablo Casado es la de vagabundear por los pasillos de la Unión Europea tratando de boicotear toda la ayuda económica que España necesita para que los ciudadanos de este país, las PYMES y las empresas puedan tener la posibilidad de subsistir y salir adelante. Es la rentable y mezquino, volvemos a insistir, que una formación política desee que a un país le vaya mal para poder alcanzar el poder. Se le suele denominar como falta de escrúpulos.

El Gobierno de España ya ha empezado a administrar la tercera dosis a mayores de 60 años y a los trabajadores sanitarios y sociosanitarios, y cuenta con el 90% de la población mayor de 12 años con la pauta completa. La Organización Mundial de la Salud se ha marcado como objetivo vacunar al 40% de la población mundial antes de final de 2021 y al 70% para mediados de 2022, y para ello puede contar con la colaboración de un Gobierno progresista que no va a permitir que se estropeen cientos de miles de dosis por incompetencia. Ya lo dice el Presidente del gobierno:  “La solidaridad no es una cuestión territorial, sino humanitaria. Ante un problema de salud global, la respuesta debe ser coordinada y multilateral”.

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