EDITORIAL: La metástasis de la democracia

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Dice la Ley de Murphy que si algo puede salir mal, saldrá mal. La extrema derecha es una piedra en el zapato de este país, incapaz de tejer ese cordón sanitario, desde las áreas más conservadoras, que sí han cosido, por ejemplo, en Alemania. VOX es el neo franquismo que no pretende otra cosa que implantar sus políticas dictatoriales a través del populismo, y el Partido Popular se lo está permitiendo sin sonrojarse y con una ilimitada inmundicia que está sacando toda la suciedad guardada debajo de la alfombra.

Hay tumores que si no se detectan a tiempo pueden desembocar en una gravedad que ya no será capaz de encontrar el camino de regreso. VOX es la metástasis de la democracia, y si esa enfermedad, con la nomenclatura del fascismo, no se consigue extirpar con la fórmula adecuada, este país correrá un grave riesgo de autodestrucción. Son muchos los objetivos que VOX tiene en su particular diario de ruta. El racismo y la xenofobia, la LGTBIfobia, la intolerancia al diferente o la diferencia de clases son ejemplos prácticos de su ideología; pero el mayor daño que esta formación está haciendo a la sociedad es el negacionismo respecto a la violencia de género.

El próximo 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional Contra la Violencia Hacia las Mujeres y VOX ha vuelto a salirse de la ecuación, doblando una esquina que les conduce hasta las bases de su credo, que siempre ha reflejado una sensación de superioridad del hombre respecto a la mujer que solo puede caber en idearios de otros tiempos, los del NO-DO.

La extrema derecha ha defendido a voces que la violencia no tiene género, ha exigido al Partido Popular, en diferentes gobiernos, que se deroguen derechos de las mujeres ante la violencia machista mientras su líder, Santiago Abascal, ha ninguneado y restado importancia a las víctimas de una lacra que es estructural y ha exhibido en el Parlamento enmiendas al proyecto de ley de medidas urgentes en materia de protección y asistencia a las víctimas de violencia de género que se decretó durante la crisis sanitaria.

Pero la violencia sí tiene género, el de las 37 mujeres que durante este año han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas, el de las 1.118 víctimas mortales por violencia machista -desde que en España se contabiliza este dato-, y el de cientos de miles de mujeres que sufren discriminación y violencia por el mero hecho de ser mujeres que, en la actualidad, además, tienen miedo a salir solas a la calle por si las violan o las matan, y ese miedo es intolerable.

Cualquier Estado de derecho tiene que tener entre sus objetivos la eliminación de la desigualdad, porque es el único camino para acabar con la violencia de género y para cimentar los valores desde el respeto, algo que es fundamental para sostener la convivencia entre iguales. La Asociación de Mujeres Juezas de España afirma que “no es un simple ‘desiderátum’, ni una cuestión doméstica. Es una cuestión de Estado, y como tal debe ser tratada por todos los Poderes Públicos, todos los días del año”. Pero VOX sigue negando la evidencia.

Este país ha avanzado mucho en los últimos años bajo los diferentes Gobiernos del Partido Socialista, eje fundamental, junto a otras formaciones y colectivos, para la lucha contra la violencia machista, porque se ha conseguido que exista un rechazo social a esta violencia que solo la extrema derecha está tratando de desnaturalizar, pero hay que seguir avanzando porque nada ha terminado ni terminará nunca con aptitudes y actitudes como el de la extrema derecha y quienes les ríen las gracias que, en absoluto, las tienen. 

Para construir el sendero hacia la plena libertad y la igualdad total de las mujeres es necesario legislar, pero VOX se empeña en todo lo contrario, en deslegitimar derechos basando su credo en una violencia global que nada tiene que ver con la que sufren las mujeres, de manera explícita, porque hay hombres que las consideran el sexo débil. Son muchas las formas de expresar violencia machista: la psicológica, la física, la de la mutilación genital, la del matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado, la esterilización forzada, la violencia laboral, la económica, la prostitución… violencias que solo podrán detenerse afrontando una realidad que el fascismo no contempla como uno de los principales problemas que tiene esta sociedad.

Afortunadamente, en febrero de este año, el Congreso de los Diputados escenificó su unidad contra la violencia machista y frente al negacionismo de VOX al rechazar una proposición de ley de violencia intrafamiliar con la que la formación de Santiago Abascal pretendía derogar la Ley contra la violencia de género. Es, sin duda, un primer paso para acordonar a los herederos del franquismo, pero para impedir que se infiltren en la democracia con el objetivo de destruirla es necesario que el Partido Popular ajuste sus tácticas políticas y deje de blanquear a una ideología que aún no ha conseguido extirparse, como un tumor que no es benigno.

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