EDITORIAL: Nada que celebrar

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Cada 24 de octubre, desde 1997, se viene celebrando el Día de la Biblioteca, una iniciativa que partió de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil y que contó con el apoyo del Ministerio de Cultura y Deporte. Aunque no hay un motivo aparente para la fecha de la onomástica, sí pretende recordar la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo durante la guerra de los Balcanes en 1992.

Decía Cicerón que “si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”. La lectura es fuente de sabiduría, de conocimiento, de emociones. A través de la lectura, el alma cobra una dimensión que solo es capaz de experimentar quien lee. Por eso es tan fundamental que en las ciudades exista una biblioteca y por eso es tan importante conmemorar durante un día al año que los otros 364 días tendremos un lugar para acudir a escoger un libro que nos traslade a una historia, a un cuento o que nos proporcione la información que nos ayude a disipar alguna duda. Pero en Aranjuez no tenemos nada que celebrar, porque desde hace nueve meses estamos sin biblioteca, sin ese espacio esencial para el disfrute y el conocimiento, para emprender un viaje en el que nuestra imaginación cobre protagonismo.

La cultura es uno de los valores principales para el crecimiento y el desarrollo de los niños y niñas y la sensación es que el Gobierno municipal del Partido Popular y Ciudadanos, que dirige María José Martínez, es que no le está prestando demasiada atención. La realidad es que este Gobierno, que se apoya en Acipa y VOX, no le presta demasiada atención a nada. No han sido capaces de estimular ninguna de las áreas que dirigen y tampoco han volcado ese aura que pretendía exhibir la delegada de Cultura, Nerea Gómez, para potenciar el presunto crecimiento exponencial de la ciudad que, a día de hoy, es tan débil que ni siquiera existen lugares en los que desarrollar la cultura, y la alcaldesa de Aranjuez es responsable de todo esto.

Aranjuez no tiene Centro Cultural, no cuenta ya con ese espacio en el que se representaba un teatro alternativo, anda de chapuza en chapuza en el Centro Social Cecilio Fernández Bustos y no han sido capaces, casi un año después, de buscar un espacio alternativo para colocar la biblioteca. Ni siquiera han sido capaces de reclamar que el Bibliobus redoble sus visitas o se expanda a otros barrios de la ciudad. Tampoco que en su cita semanal lo haga en horas en las que los más pequeños no estén en sus colegios. Todo despreocupación y desidia.

Las bibliotecas públicas nos permiten acceder a herramientas de conocimiento y son un escenario de vital importancia para el desarrollo social y, además, ponen a disposición libros y medios culturales para toda la población, la que gusta de la propia esencia de acudir a ella por placer y la de aquellas familias que sin recursos económicos pueden acceder a algo tan imprescindible para adultos y para niños como son los libros.

Las bibliotecas proporcionan educación y ofrecen recursos imprescindibles para el aprendizaje y para estimular cualquier tipo de desarrollo, sea económico, social o cultural. Además potencian el crecimiento en el devenir de la formación de cualquier niño o niña, algo que el gobierno municipal no parece contemplar. Las excusas son siempre un perfecto idilio para quien es incapaz de poner en práctica aquello de lo que ha presumido desde que llegó a la política; y desde la concejalía de Cultura se ha presumido, y mucho, de potenciar una cultura que, a día de hoy, está en estado de descomposición. La desidia, la opacidad y la falta de transparencia forman un idilio que ha llevado a la cultura de esta ciudad a un estado de hibernación de la que no va a ser fácil despertar. Y no es algo que le reproche solo el Partido Socialista, es que la alcaldesa Martínez puede darse una vuelta por la plaza de la Mariblanca para comprobar que allí se dan cita quienes reivindican, semana tras semana, la apertura de un espacio en el que esté representada la Biblioteca Municipal.

En este aspecto, es de agradecer el trabajo de algunos centros educativos de la ciudad, que cuentan con una biblioteca propia que puede suplir, en cierto modo, las necesidades de los más pequeños y de aquellas familias sin recursos que también tienen derecho a que sus hijos accedan a la literatura. Es evidente que María José Martínez y la delegación de Cultura están privando a la ciudadanía de un derecho que es básico y esencial, un lugar en el que se promueve la enseñanza y el aprendizaje.

Expresaba Jorge Luis Borges que “siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”, pero para este Gobierno municipal el Paraíso debe ser un lugar inhóspito o, simplemente, no debe tener un lugar asignado entre sus preferencias. Lamentablemente, no tenemos nada que celebrar, como ha evidenciado el propio Ejecutivo local, incapaces de hacer ni una sola referencia pública sobre este asunto.

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