La casa por el tejado

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Óscar Blanco. Concejal del PSOE en Aranjuez

No, este artículo de opinión no trata sobre un tema musical de los Fito & Fitipaldis, sino más bien tiene que ver con el dicho popular que se usa para indicar que no hay que empezar una tarea por el último paso para alcanzar el objetivo que se quiere conseguir.

Y esto, por desgracia, es muy habitual en política. Los ciudadanos demandan respuestas rápidas y las elecciones llegan más rápido de lo que uno se puede pensar. Por este motivo, siempre se intenta el camino rápido y, generalmente, sucede que termina siendo el más largo o termina desembocando en una vía muerta. Esto provoca más frustración si cabe en los ciudadanos, que terminan desconfiando de cualquier proyecto que proponga el gobierno de turno al grito de “ya nos están intentando vender otra moto”.

Y por desgracia, este ha sido uno de los problemas generalizados que ha sufrido nuestra ciudad: proyectos inabordables en una legislatura y ciudadanos desesperados clamando la inacción del gobierno local.

Y estos esfuerzos completamente loables han hecho perder la perspectiva y atención de atender la casa de todos, que al fin y al cabo es el motor que da vida a todo lo que ocurre en la ciudad: el Ayuntamiento.

Tenemos una plantilla envejecida por el paso inevitable del tiempo, ya que hay que recordar que los ayuntamientos se organizaron con la llegada de la democracia local en 1979  y, por tanto, la mayoría de aquellos funcionarios están ya jubilados o a punto de hacerlo. Esto, que en sí mismo podría suponer algo positivo inherente a la renovación generacional, se está comprobando ser un problema latente que empieza a ser evidente para la mayoría de ciudadanos.

Y es que desde la adopción de la conocida como Ley Montoro, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, que adoptó un paquete de medidas  de contención del gasto público que han incidido directamente en la posibilidad de incorporar personal mediante la limitación de la Oferta de Empleo Público, llegando incluso a la práctica eliminación de la denominada “tasa de reposición”, y que ha  impedido la cobertura de las vacantes existentes (jubilaciones, fallecimientos, promociones, etc…) influyendo de manera directa y negativa en el normal funcionamiento del Ayuntamiento provocando que se note en el estado de la ciudad (vía pública y zonas verdes) y en la prestación de unos servicios públicos de calidad, así como en la atención al ciudadano (los que tienen que sufrir listas de espera de más de un mes para ser atendidos). Y en medio de esta situación, el gobierno municipal eliminó del Plan de Ajuste (aprobado por el Ministerio de Hacienda) la contratación de 20 personas de calle y no ha aprovechado la suspensión de la regla de gasto, por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, para resolver el problema de déficit de personal municipal.

Y por estos motivos, este es el epicentro de los problemas que tiene nuestra ciudad, una plantilla cada vez más adelgazada, limitaciones para poder contratar que afecta negativamente a la organización del trabajo y que además provoca un “efecto salida”, que hace que trabajadores municipales de nuestra plantilla estén «huyendo» hacia otras ciudades donde sus ayuntamientos si emprendieron el camino de la administración electrónica, que ha permitido paliar en parte esta problemática ayudando a la organización interna y un avance significativo en las ‘Smart cities’, colaborando a detectar y mitigar más rápidamente y sin necesitar de la denuncia ciudadana, los problemas en vía pública.

Y es por tanto por donde se debe empezar a trabajar en nuestra ciudad, en la modernización de los flujos de organización del trabajo, la digitalización de los servicios públicos y en convencer a Hacienda, como hizo el anterior gobierno Socialista, que nos permita contratar personal (al menos es necesaria una oferta pública de empleo de 60 personas), realizar de una vez por toda una RPT que modernice nuestra estructura y defina las funciones de cada trabajador municipal (y esto cuesta dinero porque también se deben homologar los salarios a las de otras ciudades similares) que permita la atracción de talento y nos permita tener el motor lo más engrasado posible para afrontar todos esos grandes proyectos que necesita nuestra ciudad y que nunca terminan de cuajar para volver a situarnos en el siglo XXI, de donde ahora, por desgracia, nos encontramos muy alejados.

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