EDITORIAL: Sin aptitud ni diálogo

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La alcaldesa de Aranjuez, María José Martínez, inició la legislatura de manera exultante. Tanto es así, que se apresuró a comprar dos grandes bolsas de confeti de saldo; una, para lanzarla ante el anuncio de que había vuelto a la alcaldía, a pesar de la pérdida de ocho concejales, para iniciar un Plan de choque de Limpieza -que, por cierto, ya había puesto en marcha el anterior Gobierno Socialista- para convertirse en una especie de Mister Proper de la ciudad. El resultado: dos años después, Aranjuez presenta un estado lamentable, insalubre y de dejadez impropio de una ciudad que es Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. Hasta ella misma lo ha reconocido públicamente.

El otro saco de confeti lo lanzó cuando con platillos y tambores anunció aquello del ‘Cuéntaselo a la alcaldesa’, aunque contárselo no es sinónimo de que vaya a escucharte. Martínez, incluso, alardeó de su nuevo talante dialogante mostrando imágenes en las redes sociales. Aquello hace tiempo que terminó. Como excusa, evidentemente, la pandemia y Filomena, dos mantras a los que la alcaldesa y su equipo de Gobierno se aferran como clavo ardiendo para justificar su falta de compromiso con los ciudadanos y su poca predisposición a la escucha y al diálogo. Porque se puede justificar que la máxima representante de este municipio haya dejado de recibir a vecinos en su despacho, por aquello de las medidas de seguridad, pero que todo su equipo de Gobierno haya hecho oídos sordos a las reivindicaciones vecinales no se sostiene ni con pinzas ni con alfileres.

La transparencia, el consenso y la actitud con la que el Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos, sostenidos por Acipa y VOX, no lo olvidemos, han pretendido frivolizar, son palabras muy serias que deberían ser un pilar fundamental de cualquier Gobierno municipal. Sin embargo, el Ejecutivo que actualmente gestiona Aranjuez no se distingue por hacer partícipes a los vecinos de una cotidianidad a la que deberían tener derecho. Las pruebas más fehacientes se comprimen en una sola frase: ni escuchan a nadie, ni dan explicación alguna de lo que hacen.

Ha habido colectivos que les han presentado, incluso, proyectos de movilidad sostenible a los que no han prestado un mínimo de atención, por no hablar del actual delegado de Deportes y de Educación, Diego López de las Hazas, que tiene la virtud de incomodar con sus acciones y decisiones a clubes deportivos y comunidad educativa. Arturo Graf, poeta norteamericano, decía que “el saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan”. De las Hazas es un fiel exponente de esta arrogancia, especializado en el arte de desestimar cualquier petición de diálogo con la mayoría de representantes deportivos y educativos. No hay que olvidar que varios de ellos, de ambas disciplinas, ya han mostrado su descontento ante la constante “desaparición” de un delegado que ocupa su tiempo en atender a las altas esferas educativas y deportivas ribereñas, olvidándose de ponerse al servicio de colectivos que representan a las familias y deportistas. La prepotencia no es, precisamente, una de las cualidades que deba tener un dirigente municipal, y a De las Hazas, le sobra, y si no, que se lo pregunten a los clubes participantes de la liga local de Fútbol y a sus patrocinadores, que no saben si la competición comienza, se para, si durará toda la temporada o se cancelará a mitad de curso. A ambos, al unísono, tanto la alcaldesa como el delegado de Deportes les han cantado aquello del “son lentejas…”.

Nerea Gómez Barrasa, delegada de Cultura, se ha esfumado como el genio azul de Aladín en el momento en el que se han ido desmembrando todos los espacios culturales de la ciudad. Tal vez vuelva a aparecer, como Ave Fénix, en el momento en el que vuelva a tener una ocurrencia del tipo presentar una propuesta para crear un Consejo de Cultura que ya estaba creado desde hace años. La delegada irrumpió en el ámbito cultural hace unos meses cuando convocó al colectivo a dos reuniones en el que las promesas emanaban sin barrera alguna para convertir Aranjuez en un espacio cultural único y con la participación de todos los agentes y colectivos que se quisieran sumar a la iniciativa. Aquello duró, como diría Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”. Todos los representantes culturales andan en la búsqueda de una delegada, -desarrollando actividades culturales por su cuenta-, que se ha desentendido de la cultura para convertirse en bloqueadora oficial de quienes osan a verter alguna crítica ante su gestión en las redes sociales. Muy democrático.

Pero la falta de diálogo social no solo se centra en estos ejemplos, también es reciente esa desidia ante la caída del antiguo Matadero. Varias de las asociaciones que tenían allí su espacio se quejaron de la falta de comunicación por parte del Ayuntamiento en el momento de desalojar el espacio. Una práctica habitual de un Gobierno, el de María José Martínez, que ha regresado, de manera firme y sin tapujos, a esa política de mano firme que no cohabita con el consenso y con una agenda que guarde un espacio para que los vecinos y vecinas de Aranjuez puedan mostrarles sus inquietudes. Eso sería tener mano izquierda y ella, evidentemente, se sienta a la derecha de Dios.

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