Una ley imprescindible

Montserrat García. Portavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Aranjuez

El Boletín Oficial del Estado publicó, el pasado jueves 24 de marzo, la regulación de la eutanasia en España, una Ley que nace desde el consenso y por iniciativa del Partido Socialista, como la gran mayoría de los derechos sociales que están permitiendo avanzar a este país de manera firme y solidaria.

El Congreso de los Diputados aprobó la Ley Orgánica de Eutanasia, necesaria e imprescindible, el pasado 18 de marzo con el voto en contra del Partido Popular y de VOX, como no podía ser de otra manera. La derecha de este país ha votado y recurrido todas las leyes de carácter social que, históricamente, ha puesto en marcha el PSOE. Votaron en contra del aborto, del divorcio, del matrimonio entre personas del mismo sexo, de la Ley de cambio registral de personas trans, de la igualdad, de la ley antitabaco y, ahora, de la eutanasia. El mismo partido que ha votado periódicamente en contra del progreso social es, paradójicamente, el que pregona la libertad a los cuatro vientos, tratando de desviar la atención de sus políticas retrógradas y distantes.

La Ley Orgánica de Eutanasia viene a refrendar la apuesta social del Partido Socialista, que ha demostrado una vez más, representado en la figura de Luisa Carcedo, que los derechos sociales son un pilar fundamental de la democracia, un avance sin fisuras hacia un país moderno que recoge las sensibilidades de los españoles, que invita al optimismo y que pone las bases de una convivencia indispensable para proyectar un progreso que se antoja fundamental en el futuro de España.

Hay quienes tratan de banalizar cualquier derecho social, y la eutanasia no iba a ser una excepción, pero el alma de esta ley, lo verdaderamente importante, es que se trata de un precepto que reconoce el derecho morir dignamente a quienes sufran una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante que afecte a la autonomía y que genere un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable. Lo que defiende esta ley, por encima de cualquier otra cosa, es la dignidad y el deseo expreso de quienes conjugan cualquiera de estos supuestos.

En su texto, la nueva ley deja claro que «se busca legislar para respetar la autonomía y voluntad de poner fin a la vida de quien está en una situación de padecimiento grave, crónico e imposibilitante o de enfermedad grave e incurable, padeciendo un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado en condiciones que considere aceptables, lo que denominamos un contexto eutanásico”. ¿Hay algo más digno que el respecto a una persona que se encuentra en unas circunstancias que le impiden el desarrollo normal de su vida, atada al sufrimiento y que el única camino que le espera, contra su voluntad, es el paso de un tiempo al que quiere adelantar las manillas del reloj?

La nueva Ley de Eutanasia es sumamente importante en una sociedad que pretende una democracia avanzada, porque se necesitan garantías para que las personas puedan decidir, libremente, cómo quieren vivir su vida. Si a día de hoy no se cuestiona dónde trabajamos, con quién nos casamos o dónde vivimos, ¿por qué tenemos que tolerar una única forma legal de morir impuesta por razones religiosas? El derecho a la vida es tan fundamental como el derecho a la muerte, y por eso era necesario legislarlo. La ley no habla de suicidio legalizado, habla de situaciones extremas en las que el sufrimiento irreversible de una persona le permita tomar la decisión de adelantar su destino con ayuda profesional, que impida situaciones como las de Ramón Sampedro o María José Carrasco. Porque en este país se ha castigado con pena de cárcel la ayuda desinteresada y benéfica prestada a una persona que, con pleno conocimiento, rechaza una vida de sufrimiento o un final indigno y solicita ayuda para morir.

La nueva ley ha contado con el apoyo de asociaciones y de colectivos sanitarios de toda España, que consideran que es tan importante curar las enfermedades como garantizar una muerte digna, de acuerdo con la libre decisión de la persona. La aprobación de la Ley Orgánica de Eutanasia ha significado un nuevo reto en las políticas progresistas del Partido Socialista que, una vez más, se ha puesto al frente de los derechos sociales que garantizan la plena democracia y plasman el sentir de una mayoría que no comulga con el ideario en blanco y negro de la extrema derecha y la derecha extrema.

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