Sucia y deshilachada

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Que Aranjuez, a día de hoy, es una ciudad sucia y abandonada no lo dice el PSOE, lo expresan sus calles indecentes y lo gritan sus barrios desamparados. Que Aranjuez ha perdido los espacios culturales donde desarrollar y expresar dotes artesanas no lo dice el PSOE, lo braman los edificios cerrados que cohabitan con la orfandad. Que las calles andan desvalidas y sin mantenimiento no lo dice el PSOE, lo enroquecen el asfalto y las aceras. Que estas afirmaciones son una evidencia lo plasman los vecinos, que lejos de padecer ceguera intuyen que el desamparo y la desidia han sido una opción que el Gobierno municipal de Partido Popular y Ciudadanos, con la confabulación de Acipa y VOX, van a perpetuar durante toda la legislatura.

El engaño es una cualidad en personajes de ficción como Lupin, resultando, incluso, simpático, pero cuando la mentira se desvanece en la acción de las administraciones competentes, el estupor se sonroja ante la necesidad de seguir ocultando la selenosis en las uñas, esa marchita blanca que delata la incapacidad de mirar a los ojos a los vecinos para decirles que les estás engañando cuando afirmas que todo está bien, que las calles están limpias, que los edificios están sanos y que, por lo tanto, lo que toca es presentar iniciativas al Pleno de la Corporación para derrocar al Gobierno de Pedro Sánchez, en un ejercicio de campaña electoral permanente que llevan ejecutando, desde hace dos años, tanto Partido Popular como Ciudadanos, para quienes los indultos y los asuntos de Estado son mucho más relevantes que las cuestiones de su propia ciudad.

“Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, frase mítica de Mariano Rajoy que trata de embelesar la imprudencia de un Ejecutivo que ya no sabe por dónde se anda. Esta frase, que en boca de Mariano puede resultar hasta cómica, se ha adueñado de la alcaldesa de Aranjuez, María José Martínez, que no tiene ni capacidad ni iniciativa para poner en rumbo a una ciudad que se desgañita bramando ante la colección de inacciones de un gobierno que ni está ni se le espera, una situación que genera incomodidad y que provoca que la máxima representante del municipio se disfrace de Juan Tamariz para intentar hacer desaparecer la bolita con el gancho de Jesús Mario Blasco. 

Ante el estado de la ciudad, de sus edificios históricos, de una pandemia, de una crisis sanitaria que nos lleva asolando casi año y medio, ante el temporal Filomena, ante la incapacidad de gestionar lar arcas municipales, el Gobierno de Martínez se dedica a presentar propuestas en el máximo organismo municipal para tratar de atropellar la razón en un enjambre perezoso que aglutina un único objetivo: derrotar al Gobierno de la nación sin que los problemas municipales importen lo más mínimo. Porque María José Martínez no tiene propuestas para esta ciudad, no tiene proyecto para Aranjuez. Porque la alcaldesa de esta ciudad es capaz de anunciar un remanente de tesorería de más de tres millones de euros y afirmar que lo va a emplear en amortizar la deuda pública, una deuda que, evidentemente, hay que abordar pero que queda en un segundo plano ante los verdaderos problemas que están sufriendo los vecinos, tanto en materia estructural como, lamentablemente en muchos casos, con problemas personales que necesitan de ayudas de la administración en la que pagan sus impuestos,

Martínez y su gobierno siguen viviendo en un estado de hibernación peligroso para Aranjuez. Ni han estado durante el Coronavirus, ni han tomado las riendas de una ciudad que se les cae a pedazos, ni han gestionado de manera ecuánime, ni han aportado soluciones ante problemas que, con su existencia, degeneran la capacidad de un Ejecutivo que asoma la cabeza por la ventana, de cuando en cuando, para hacer oposición a la oposición. Ni Partido Popular ni Ciudadanos parecen preocupados por los servicios, ni por la cultura, ni por el transporte, ni por el turismo, ni por la educación, ni por la sanidad, ni por el deporte, ni por el medio ambiente. Simplemente, se dedican a caminar por el desfiladero con la única intención de no caer a un precipicio en el que, desgraciadamente, ya ha caído la ciudad. 

Hace meses que Aranjuez necesita, de manera urgente, inversiones que este Gobierno no va a acometer. Meses en los que se ha derrumbado el centro cultural de la ciudad sin que se busque alternativa, meses en los que el Centro Social Cecilio Fernández Bustos haya podido reubicar parte de la Universidad Popular, meses en los que el Gobierno, incluso, ha puesto en riesgo la salud de sus ciudadanos con negligencias que han podido costar más de un disgusto. Meses en los que la suciedad y la imagen de la ciudad no pueden presentarse como Patrimonio Histórico. Meses en los que la desidia desampara el núcleo urbano y el paraje de un lugar que no puede mostrarse ante el viajero como un lugar inhóspito.

Sin embargo, la epístola de este Gobierno es ampararse en la bandera de España, como si a los demás no nos perteneciese, abrocharse los problemas y pretender juzgar, sin ser juzgados, a la opinión pública, desatando un torrente de desfachateces que tratan de quebrar ondeando desde el palo más alto un símbolo que, eso sí, permanece sucio y deshilachado, como todo en esta ciudad.

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