EDITORIAL: Dos años de desidia y abandono

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La legislatura 2019-2023 llega a su ecuador con un marcado signo de desidia y abandono por parte del Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos, con el imprescindible apoyo de VOX y Acipa. Imprescindible porque, hay que recordar, el Partido Socialista fue el más votado en las Elecciones municipales de 2019, donde llegó a la investidura con un acuerdo con Ciudadanos que éstos decidieron romper a escasos minutos de la celebración del Pleno, con premeditación y alevosía, en la mayor traiciona política que se recuerda en esta ciudad.

La premura en los intereses partidistas de Ciudadanos, que han desembocado en su práctica desaparición, posibilitaron que María José Martínez se alzara con el bastón de mando sin un proyecto claro que delimitase sus intenciones para la gestión de esta ciudad. De hecho, ese presunto acuerdo, en dos años, no ha sido ni publicado ni evidenciado ya que, como los ribereños han podido comprobar, el sello de identidad de este gobierno ha sido el de la desaparición.

En una crisis sanitaria y económica como la que estamos viviendo, desde el Gobierno municipal ha existido, por encima de cualquier otra cosa, la desinformación, la falta de acción y la improvisación. Ni la alcaldesa Martínez ha sabido ponerse al mando de sus concejales, ni sus concejales han sido capaces de gestionar sus delegaciones sin que se les caiga la ciudad encima. Ni la delegada de Obras y Servicios, Miriam Picazo, ni el delegado de Salud y Medio ambiente, José González Granados, ni la delegada de Hacienda, Belén Barcala, ni la delegada de Seguridad, Mercedes Rico, ni el multiusos Miguel Gómez, abarcando mucho y apretando poco, ni mucho menos los tres ediles de Ciudadanos, Diego López de las Hazas, Nerea Gómez y Romina Giovanniello, han sido capaces de afrontar los problemas que se han ido sucediendo en esta ciudad a lo largo de estos dos años, que no han sido pocos.

Con Acipa mirando hacia otro lado y con la extrema derecha marcando el rumbo de Martínez, la alcaldesa ha sido incapaz de poner en marcha un solo proyecto propio. Todo lo que se ha ido desarrollando en estos meses han sido iniciativas que ya puso en marcha el partido Socialista y que la Comunidad de Madrid tenía bloqueados con una clara intención electoralista que lo único que ha conseguido es retrasar el bienestar de los ciudadanos de Aranjuez, necesitados de una gestión política que, con el actual Gobierno, ni ha llegado, ni se la espera.

El Partido Popular, más centrado en complacer a la ultraderecha y a su propio partido en el Gobierno regional, ha desestimado un presupuesto que ya contaba con el visto bueno de Hacienda y que incluía, entre otras cosas, la rehabilitación de vivienda social, la contratación de nuevos trabajadores de servicios múltiples para el mantenimiento de la ciudad o el arreglo de Centro Cultural Isabel de Farnesio. Sin embargo, el Ejecutivo local desechó el presupuesto sin tener alternativa alguna, hecho que queda demostrado porque, dos años después, y a pesar de contar de cuna mayoría absoluta en la Corporación, no han sido capaces de presentar un presupuesto que se torna indispensable para la gestión de cualquier ciudad.

Otro de los ‘emblemas’ de este Gobierno de PP y Ciudadanos ha sido la desidia en el mantenimiento y, sobre todo, en la prevención de riesgos en edificios municipales. Martínez y Picazo, como máximas responsables, han puesto en riesgo a la ciudadanía en la gestión de dependencias como el Centro Cultural, el Antiguo Matadero, La Casa de Atarfe o el Centro Social Cecilio Fernández Bustos, a pesar de contar con informes que aconsejaban el cierre con muchísima más antelación. Aranjuez se queda sin cultura pero, lo que es peor, gracias a la nula gestión y al desentendimiento de quien gestiona ha corrido un serio riesgo que, por fortuna, no ha tenido más consecuencias que el cierre de actividades y espacios culturales.

La limpieza y el cuidado de las calles del municipio han alcanzado un estado preocupante, con una nula gestión por parte de Picazo pese a contar con un nuevo contrato de Higiene Urbana que posibilita, con un menor coste, abarcar más zonas y en mejores condiciones que las anteriores, contrato que dejó firmado el anterior gobierno progresista pese a los intentos de Martínez y del portavoz de Acipa, Jesús Mario Blasco, porque no llegase a buen puerto.

Capítulo parte merece el delegado de Salud y de Medio Ambiente, más preocupado por injuriar al Partido Socialista y propiciar insultos en Comisiones Informativas y Plenos que en gestionar la salud pública y las zonas verdes de la ciudad. Ni una comparecencia pública durante la crisis del COVID-19 ni una acción para poner solución a la selva en la que se ha convertido Aranjuez en estos dos años. La arrogancia y el carácter altivo de González Granados no son más que pruebas conclusas de su falta de capacidad para la gestión de sus delegaciones y de su sobrada capacidad para arremeter contra todo aquel que ose a discutir su disposición para la gestión.

La falta de seguridad en muchos momentos de esta pandemia, sin activos policiales que controlasen la aglomeración de gente en determinadas zonas de Aranjuez, la gestión en educación y en sanidad, esenciales para el buen funcionamiento de los servicios públicos y esa sensación de estar abordando los problemas de manera apresurada y sin hoja de ruta son las medallas que, en lo que llevamos de legislatura, se han colgado unos dirigentes que no pueden, ni deben, llevar las riendas de esta ciudad durante más tiempo. 

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