EDITORIAL: Somos más, y se lo vamos a demostrar

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Que la extrema derecha y la derecha extrema pretendan abanderar la democracia es un oximoron  que ha acabado por calcificar los huesos de la libertad que tanto el Partido Popular de Díaz Ayuso como el VOX de Rocío Monasterio pretenden enarbolar con premeditación y alevosía. No les vendría nada mal a ambas formaciones y ambas lideresas ciertas lecciones de urbanidad que desenmascararían la realidad de unos hechos que tienden a avergonzar a la ciudadanía de una Comunidad de Madrid que, además de estar en estado de alarma sanitario, también lo está por las pretensiones ultraderechistas que el PP está dispuesto a entregar a VOX sin escrúpulos ni vergüenza.

La incapacidad democrática de VOX es una evidencia difícil de camuflar, la del Partido Popular y la de Díaz Ayuso, en particular, se acomoda ante una sociedad que mal viviría en el desamparo ante la simple posibilidad de que la ultraderecha y el fascismo hiciesen acto de presencia en el Gobierno madrileño. Díaz Ayuso, y también Ciudadanos -no lo olvidemos-, son cómplices y actores principales de esta irrupción de los herederos del franquismo en las instituciones. Ellos, y solo ellos, han blanqueado estos últimos años a una formación ideológica que arremete contra todos los derechos humanos. Una formación que pretende, sin disimulo alguno, el regreso al NODO y a recortar los derechos que tantas muertes y tanto sufrimiento costó conseguir, sobre todo para nuestros mayores. Y, para más ‘InRi’ lo hacen en el nombre de la democracia y la libertad, libertad que, por otro lado, poco tiene que ver con el libre pensamiento y la disparidad de criterios.

Porque VOX ha demostrado en estos meses lo que son, alentando la agresividad contra símbolos y sedes de formaciones de izquierdas, sin condenar actos vandálicos, atentando contra las relaciones entre personas del mismo sexo a quienes, por cierto, han mandado a acudir a profesionales para sanar lo que ellos consideran una enfermedad. Porque mienten y arremeten contra la inmigración y, sobre todo, contra los menores extranjeros no acompañados que, en definitiva, son niños y niñas desamparados. Porque cuestionan las amenazas de muerte a ministros y exministros, porque falsean los datos ante las subvenciones que NO reciben los inmigrantes ilegales, porque son negacionistas de la violencia de género, de la violencia machista, porque también son negacionistas ante el Coronavirus. La ultraderecha de esta país ha entrado en nuestras vidas con el beneplácito de Partido Popular y de Ciudadanos, a pesar de tener a toda Europa diciéndoles que les den la espalda, que eso no es democracia, que eso no es libertad. Porque siendo cómplices avalan el discurso de los “fusilamientos de 26 millones de hijos de puta”, porque sostienen mensajes en las redes sociales en las que vuelven a hablar de cunetas, de asesinar a políticos de izquierdas. Porque con su permisividad litigan ese ejercicio negacionista del holocausto de algunos integrantes de VOX o los disparos de varios dirigentes a fotografías de miembros del Gobierno de España. Y al PP de Díaz Ayuso solo se le ocurre decir aquello de “cierre la puerta al salir”…

La democracia es otra cosa, es el sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes. Y eso es, precisamente, lo que ni VOX ni Díaz Ayuso pretende para los madrileños. La libertad que pregonan tanto la derecha extrema como la extrema derecha es la de ningunear las colas de hambre, la de tratarles de mantenidos, la de cerrar perimetralmente sus barrios mientras abre los barrios pudientes de Madrid. La libertad de Ayuso y de Monasterio es diferenciar las clases sociales, hablar de caritas en los bares y saquear la sanidad y la educación pública, es la implantación del PIN parental, la educación adoctrinada, a ausencia de objetivos de igualdad.

Y ante semejante farsa no podemos hacer otra cosa que alimentar las urnas con votos progresistas, que les digan al PP y a VOX que esta sociedad no quiere más fascismo, no quiere que le pisen la esperanza con autoritarismo y desprecios, con faltas de respeto, con insultos, con sobres con balas. Esta sociedad quiere sentirse libre, pero libre de verdad, vivir con la esperanza de un presente y un futuro que les despierte la ilusión, que no les muestra más la cara de las residencias sin medicalizar, con miles de muertos, que no sonría ante los fallecidos por COVID-19. Esta sociedad merece un Madrid abierto, con oportunidades, con trabajo, que se centre en acabar con esta pandemia invirtiendo en recursos humanos y materiales en nuestra sanidad.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”. El 4 de mayo, VOTEMOS, los demócratas somos más… y se lo vamos a demostrar.

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