Defender lo indefendible

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El concejal del Gobierno de Aranjuez, Miguel Gómez -Partido Popular-, responsable del área de Educación en su grupo y secundado por el delegado de Educación, Diego López de las Hazas     -Ciudadanos-, experimentó en el pasado pleno una simbiosis profunda con el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso muy propio del corporativismo extremo en el que la derecha enfatiza insistentemente. Gómez habló y recalcó la maravillosa gestión que el Gobierno de su presidenta ha hecho y hace respecto al nuevo curso escolar y a la Educación en general en la Comunidad de Madrid. Andrés Rábago, humorista gráfico español, decía que “cada vez hacen falta ejércitos mayores para defender lo indefendible”, algo que se ha tomado al pie de la letra el concejal del Partido Popular para defender las crueles bondades que predica Díaz Ayuso.

La presidenta regional, que incumple más promesas que los falsos ilusionistas, ha certificado, a través de su consejero de Educación, Enrique Ossorio, que no va a renovar los contratos del personal docente para el refuerzo Covid-19 en los centros escolares de la región. Ayuso, que promete y promete y promete hasta resetear sus ideales va a ser la única mandataria regional que no va a renovar estos contratos, a pesar de ser personal imprescindible en un curso escolar marcado por la pandemia y por las medidas estrictas que se han tenido que tomar respecto a las ratios y al personal docente. El concejal popular, Miguel Gómez, sin embargo, expresó en el pleno la gran inversión que ha realizado la derecha en educación, obviando que Díaz Ayuso ha tenido guardados los convenios que debía firmar con el Gobierno de España en un cajón hasta el pasado 4 de noviembre, lo que ha provocado que, una vez más, haya llegado tarde, mal y nunca a su cita con la coherencia y, sobre todo, con el respeto hacia docentes y familias, y obviando, además, que la mayor parte de esa supuesta inversión ha sido destinada a la concertrada.

El concejal popular, Miguel Gómez, expresó en el pleno la gran inversión que ha realizado la derecha en educación, obviando que Díaz Ayuso ha tenido guardados los convenios que debía firmar con el Gobierno de España en un cajón hasta el pasado 4 de noviembre, lo que ha provocado que, una vez más, haya llegado tarde, mal y nunca a su cita con la coherencia y, sobre todo, con el respeto hacia docentes y familias, y obviando, además, que la mayor parte de esa supuesta inversión ha sido destinada a la concertada.

Pero esto no es todo; hace unos días se ha sabido que el Consejero Ossorio remitió una misiva al Gobierno de España renunciando a una segunda cantidad que le correspondía del programa del Gobierno #PROA+, orientado a prevenir el fracaso escolar y el abandono temprano del alumnado más vulnerable, toda una declaración de intenciones en la que el concejal popular en el Gobierno de Aranjuez no se ha detenido, evidenciando que la derecha siempre se ha movido en términos de beneficencia, elitismo y malentendida excelencia.

El escrito de la Comunidad de Madrid no explica los motivos de la renuncia, solo expresa que “a la vista del desarrollo del programa y de la participación de los centros en el mismo durante este curso 2020-2021, la Comunidad de Madrid se desliga del reparto anunciado”. No parece ético, con los problemas que se están produciendo en toda la comunidad educativa, por falta de recursos tanto humanos como materiales, que el Gobierno de Díaz Ayuso renuncie a estos fondos, y menos ético es aún que el concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento lo secunde con omisiones tan descaradas. 

Porque la gestión en Educación del Ejecutivo regional está siendo nefasta, sin cubrir todas las vacantes necesarias, sin sustituir las bajas que se están produciendo, sin proporcionar medidores de CO2 en todos los centros escolares, sin repartir el material tecnológico necesario para que los alumnos y alumnas que tienen que guardar cuarentena puedan seguir las clases de manera virtual, sin dotar a los centros de personal de enfermería y, sobre todo, sin llevar a cabo un rastreo que permita hacer un seguimiento más exhaustivo de los contagios.

La derecha de este país está mostrando un catálogo interminable de deslealtad con el Gobierno y, sobre todo, con la sociedad, a quien ningunea persistentemente afilando las garras para tratar de desestabilizar a un Gobierno, elegido democráticamente, como principal objetivo, atentando contra la moral y contra los principios humanos como acaba de demostrar, una vez más, Díaz Ayuso, grabando un vídeo con fondos públicos, pagados por todos los madrileños, en los que se utiliza a niños con diversidad funcional para atentar contra las decisiones democráticas que se toman en el Parlamento, un vídeo que hasta podría vulnerar los derechos del menor. Porque a la derecha de PP, Ciudadanos y VOX no les tiembla la vergüenza para atentar contra la nueva LOMLOE, aunque en sus programas electorales unos llevasen propuestas respecto a la Educación Especial que recoge la nueva ley y otros pretendiesen, directamente, eliminarla. Porque les da igual que varios colectivos ligados a la defensa de las personas con diversidad funcional les estén afeando que utilicen a las mismas para hacer política, igual que han utilizado siempre a las víctimas del terrorismo o, más recientemente, a las víctimas del Coronavirus sin escrúpulo alguno.

Porque PP, Ciudadanos y VOX, desde sus posiciones de servidores públicos, dejan de lado a la escuela pública y se alinean con la privada, porque defienden el privilegio frente a la igualdad, porque defienden la segregación, porque nunca estuvieron al lado de la protesta de los colectivos educativos públicos y porque no lo van a estar nunca. La muestra, la utilización ruin de cualquier colectivo que les preste hacer un discurso antidemocrático para arremeter contra el progreso, y también porque, como han demostrado tanto López de las Hazas como su homónimo en el PP, Miguel Gómez, siguen defendiendo discursos indefendibles desde su cargo público. Ni uno ni otro han antepuesto nunca los intereses de la ciudadanía a los de sus respectivos partidos y ese no es el cometido de quienes llenan de verbo, más bien de verborrea, un discurso cada vez más elitista y clasista.

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