El peligro de ocultar

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“Es asombroso cómo crecen las mentiras. Uno empieza con una pequeña mentira que parece fácil de ocultar, pero de pronto se encuentra acorralado y cuenta otra. Luego otra. Al principio la gente le cree a uno, reacciona de acuerdo con las mentiras, y a uno se le ocurre que ojalá hubiera contado la verdad”. La frase es del escritor John Grisham y podría aplicársele, sin temor al naufragio, a la alcaldesa de Aranjuez, María José Martínez.

El Partido Socialista lleva desde el mes de febrero solicitando un informe sobre el grado de cumplimiento del contrato de Higiene Urbana sin que el Gobierno municipal haya dado trámite al requerimiento. La excusa es que el técnico municipal encargado de elaborarlo está de baja y su sustituto no tiene las competencias para realizarlo. La conclusión es que el mayor contrato del Ayuntamiento de Aranjuez, de seis millones de euros anuales -más de mil millones de las antiguas pesetas-, no lo controla nadie, todo un despropósito. Sin embargo, la principal preocupación para los vecinos debería ser: ¿qué es lo que tiene que ocultar la alcaldesa Martínez para no apelar a la transparencia e informar a los ciudadanos, que pagan religiosamente sus impuestos, para que, entre otras cosas, sus calles estén limpias?

El Partido Socialista lleva desde el mes de febrero solicitando un informe sobre el grado de cumplimiento del contrato de Higiene Urbana sin que el Gobierno municipal haya dado trámite al requerimiento

Nada más comenzar la presente legislatura, la alcaldesa Martínez se apresuró a presentar un plan de choque de limpieza -que ya se estaba realizando al final de la anterior legislatura, nada más firmar el nuevo contrato con la empresa- y a posar con sus mejores galas afirmando que ella iba a ser la que acabase con la suciedad de la ciudad, envolviéndose en una especie de endiosamiento que ha acabado por engullirla, porque si algo es evidente es que Aranjuez está peor que nunca, con una delegación, liderada por Miriam Picazo, que a pesar de disponer de un contrato con muchos más recursos que el anterior para el mantenimiento y limpieza de la ciudad está consiguiendo que las críticas vecinales se multipliquen día tras día.

El Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos, al que sostienen con premeditación y alevosía Acipa y VOX, debería explicar a los ciudadanos cuáles son los motivos por los que no está exigiendo a la empresa el cumplimiento del contrato. Deberían explicar cuáles son las razones por las que no se cubren las bajas, el por qué de que la maquinaria forme parte de un museo en sus respectivos almacenes en lugar de estar trabajando a pleno rendimiento en las calles, como contempla el pliego firmado, o por qué en La Montaña, por ejemplo, como sucede en el resto de barrios, los recursos humanos están limitados. En el PAU solo hay un operario los fines de semana cuando el contrato contempla que deben ser cinco de lunes a domingo, y hay que tener en cuenta que en ese barrio se concentra una población de 7.000 personas para los que la empresa dispone un solo trabajador, algo que, a todas luces, es insuficiente.

La desfachatez es el sello de cabecera de la particular cartilla de racionamiento de este equipo de Gobierno; porque racionar, racionan, de manera vehemente, el trabajo que le deben a esta ciudad y a sus vecinos, que son para quienes trabajan. Y las pruebas son más que evidentes, con calles sucias, con desperfectos que no se subsanan, con despreocupación en la recogida de la hoja cuando cuentan con maquinaria, que apenas utilizan, para este menester y que paliaría con efectividad este problema otoñal que acosa cada año a Aranjuez. 

La categórica respuesta de la alcaldesa Martínez y de su primera Teniente de Alcalde, Miriam Picazo, responsable de la delegación, es la inacción y la desidia, un dejar pasar el tiempo como si las agujas del reloj se fuesen a convertir en operarios que construyan un tiempo mejor. Pero el tiempo apremia y las soluciones no aparecen, a pesar de tenerlas más cerca de lo que creen; solo es cuestión de dedicación para que las ideas afloren, aunque sin proyecto de presente y de futuro para este municipio, -como vienen demostrando cotidianamente-, es difícil exigir a quien no muestra disposición que diseñe un guión que se salga de la búsqueda de la justificación a su propia incompetencia apelando a lo mal que lo han hecho los que les precedieron.

Es vulgar tratar de cuestionar la inteligencia de los vecinos, tan vulgar como pretender hacer creer que la pandemia puede ocultar que la transparencia es una asignatura que este Gobierno no va a aprobar ni en septiembre. En cualquier caso, no estaría de más que comenzasen las clases de recuperación aportando ese informe que lo que va a desvelar es que ni Martínez ni Picazo controlan lo más mínimo la limpieza de Aranjuez, una cuestión que atañe, ni más ni menos, que a más de 60.000 personas.

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