EDITORIAL: Patrón de respuesta aprendido

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Aseveraba un médico español que “no permitamos que nuestra rabia se torne en ira y ésta en violencia. Somos libres, no nos dejemos esclavizar por una emoción que no es más que un simple patrón de respuesta aprendido”. A veces, la emociones superan a la ficción y, en el caso que nos ocupa, la firmeza de la expresión se aferra a la realidad como el pez se aferra al agua. La agresividad, la ira, la violencia verbal e, incluso, física del concejal del Partido Popular, José González Granados, roza lo endémico. Los precedentes son copiosos. No hay que olvidar capítulos como la agresión física a un concejal socialista en un pleno municipal, la denuncia que en la actualidad tiene por presunto acoso laboral, el capítulo denunciado por los sindicatos por su actitud agresiva con varios jardineros municipales o lo ocurrido en las Comisiones Informativas del pasado viernes, en las que González Granados volvió a exhibir el insulto, la agresividad y la actitud violenta al afirmar sin reparo alguno que el Partido Socialista era el responsable de los muertos por Coronavirus y aseverar, con alevosía y mezquindad, y no sin falta de misoginia, como viene siendo habitual en momentos en los que el Teniente de Alcalde se enfrenta dialécticamente a una mujer, como le ocurría en su día con la portavoz de Acipa Pilar Quintana, que una concejala socialista se estaba riendo de los muertos y de sus familias al mostrar su sonrisa, cuando lo único que hizo fue sonreír, de manera irónica, ante la afirmación del propio González Granados que, además, presidía la comisión, que todo el problema de la crisis sanitaria venía por la manifestación del 8 de marzo, Día de la Mujer. La gravedad de las acusaciones del Teniente de Alcalde del Partido Popular no son más que una arritmia en el gobierno municipal, cuya máxima responsable, María José Martínez, debería tomar medidas, por salud democrática, y cesar de su cargo a quien no ha sido capaz de ponerse al frente de la sanidad pública en Aranjuez, de la que es máximo responsable en el Gobierno municipal, ni tampoco de la gestión de parques y jardines, con una evidente falta de cordura en el desbroce y zonas verdes del Real Sitio, situaciones que agravan su conducta ante la oposición, a quien trata con un desprecio absoluto columpiando la arrogancia y la soberbia en un vaivén de escrupuloso sesgo. González Granados anda empeñado en seguir la linde del acoso laboral y no ha perdido ocasión en tratar de amortizar aquella sentencia que ya condenó al anterior Gobierno de Martínez, del que él era fiel compromisario, para seguir con la homilía y no quedarse al albur de quien hoy sigue justificando, con su silencio, la violencia selectiva del concejal popular. El Partido Socialista ni puede ni debe aceptar el acoso como si de una vulgar niñería se tratase. Estas siglas representan a mucha gente como para asumir y asimilar que el carácter de González Granados es así y así hay que entenderlo. Este partido no acepta descalificaciones gratuitas, entendiendo que la disputa política no es ajena en ningún parlamento y que la crítica dura forma parte de este elenco. Sin embargo, la violencia y la agresividad no tienen cabida en los valores de un partido que siempre defenderá la libertad y la democracia, un partido que se cuestiona si una persona con semejantes ‘cualidades’ está capacitado para ostentar un cargo público como concejal de un Ayuntamiento tan relevante como Aranjuez o, incluso, para ser Decano Presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y de Medio Natural. Un despropósito. El odio, la inquina, la violencia y la agresividad no son cualidades que deban destacar en ningún ser humano y, mucho menos, de quien pretende representar a un nutrido grupo de colectivos o ciudadanos sin tener ningún control sobre sí mismo. Es, además, reincidente en la ausencia de gestión municipal, tanto en Sanidad como en la responsabilidad de parte del mantenimiento de la ciudad. El señor González Granados ni puede, ni merece estar ni un minuto más al frente de un Gobierno municipal que no es capaz de cuestionar dónde están los límites de la falta de respeto y lo lleva hasta las últimas consecuencias sin un gramo de autocrítica y sin la humildad necesaria para reconocer cuándo uno se ha equivocado. El concejal popular genera odio y enfrentamiento más allá de la disputa política y, con su actitud no solo desprecia a la oposición, también desprecia a los ciudadanos con su incapacidad para ofrecer ni una sola comparecencia ni un solo dato sanitario en la mayor crisis que ha sufrido la humanidad en décadas. Ya es tarde para su cese o para su dimisión, si es que le queda un mínimo de dignidad para que la democracia siga los pasos de una carta magna, que en su artículo 10 afirma que “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”.

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